¡ALEGRÍA, ALEGRÍA! HOY: "LA CIUDAD SECRETA"

Vivo en una ciudad ruidosa, sucia, inhóspita y cruel. Es excesiva y opresiva, desequilibrada, histérica, y hace tiempo que dejó de tener cielo.
Es el reino de la prisa y la ansiedad, de la falta de educación y cortesía, y ha aprendido con facilidad a ignorar los pequeños placeres cotidianos de la vida. Una ciudad que no descansa y con todo su tiempo ocupado no puede ser feliz.
Y esta ciudad trabaja las veinticuatro horas del día.
Sin embargo, es generosa en miseria. Miseria en forma de rata osada y descarada que se pasea sin miedo por una superficie a la que no debería pertenecer. Miseria en forma de palomas abatidas, cojas y encogidas, que callejean por las gélidas aceras en invierno y por el cemento incandescente en verano. Miseria en forma de pordiosero que hurga en la basura de alguien con mejor suerte. Miseria en forma de sus tristes y maleducados habitantes, hormigas alocadas, almas en pena, cuya mirada sólo refleja una indiferencia que lo dice todo.


Esta ciudad enferma observa con curiosidad de científico malsano a sus árboles invernales; aún les queda esa belleza dramática de las ramas desnudas que buscan desesperadamente un cielo que no existe, para pedir una clemencia que no llegará nunca. Las ramas miran hacia arriba, evitando así la realidad que les rodea, e imploran a un Dios al que nunca han visto y en el que creen a pesar de ser árboles, para que les permita poder huir de esta ciudad que no sabe hacer otra cosa que ahogarse en su propia angustia. Algunos árboles, hartos de la primavera que la ciudad les ofrece cada año, estiran insolentes y orgullosos sus secas ramas al aire y las mantienen desnudas, como medida de protesta y rechazo, en un acto de idealismo inútil e ignorado. Los más dóciles, sin embargo, aceptan la primavera con una mezcla de resignación y fatalidad cíclica; esconden sus ramas bajo unas hojas que en verano caen desesperadas ante un sol implacable, formando un inesperado mar de muerte crujiente sobre las aceras.
Sin embargo, al igual que la luna, mi ciudad tiene dos caras, y una también está oculta. Esa cara guarda un tesoro, sólo al alcance de quien lo sepa ver.
Esa es mi ciudad secreta.
Para descubrirla, es necesario mirar con otros ojos.

15 comentarios:

diego_el_espía dijo...

alegría?porque en lo que pones no es que haya mucha alegría que digamos...;-)
Se como se sienten esos arboles...
no te ha quedado mal l:-)

a diego, el espía sensible, merce le dijo...

Bueno, ya sabes que soy una espía un poco... irónica, jee, jee...

Sabía que con tu gran sensibilidad, entenderías a los árboles! ;-)

Lidia dijo...

A mí también me ha encantao lo de los árboles, sobre todos los rebeldes.
Fíjate que a mí me emocionó muchísimo cuando leí el Señor de los Anillos cuando los árboles se enfrentan a las fuerzas del mal, y me parece que está reflejado muy pobremente en la película (no, si yo lo entiendo, que motiva más ver a Aragorn blandiendo la espada que a Bárbol dando ramazos...)

a lidia, merce le dijo...

Mira, no me he leído "El señor...", ni he visto las pelis (no me atrae naaaada, ya ves), pero me creo lo que dices.

Por cierto, ¿el Aragorn era el Viggo Mortensen? Es que a mi hermana le encanta el tío este en la peli! Y la peli, también! Y el libro!

Noemí dijo...

De este relato semi-amargo, me quedo con una imagen sublime:
"esconden sus ramas bajo unas hojas que en verano caen desesperadas ante un sol implacable, formando un inesperado mar de muerte crujiente sobre las aceras".

Lidia dijo...

Sí, es el mismito que viste y calza ;)
Y tu hermana tiene un gusto excelente en cuanto a hombres XD

a noemí, merce corazón sensible le dijo...

¿Sabes qué pasa? Que siempre me ha gustado pisotear las hojas secas en otoño, con aquel ruido tan guay... Sin embargo, cuando ves montones y montones de hojas secas en pleno verano (y esto ha pasado más de una vez), a mí es que me da mucha lástima...

a lidia, merce le dijo...

¿... Y qué me dices de Ralph Fiennes, el del "paciente inglés"?
Yo hace años que estoy enamorada de esa mirada tormentosa...! Ayyyyy.....!

PD.- (por cierto, se está quedando calvo, auurrgghh)

Lidia dijo...

Pues mira, el Ralph me parece bien, aunque no acaba de ser mi tipo, y tampoco le iba a decir yo que no a una proposición indecente... ;)

Anónimo dijo...

Mercedesss, pero ¿qué dicessss?
¿El Ralph? ¡PUAJJJJJJJ, quita, quita! ¡Pero si tiene cara de acelga, juassss! Donde esté Viggo Mortensen...

He puesto anónimo para que no sepas quien soy, jajaja (¿a que ya lo sabes?, jajaja)

merce dijo...

.... anda, "ANÓNIMO", que no se te ha visto el plumero ni nada, ja, ja, ja, ja!!!!!!!

un jardinero preocupado dijo...

Este texto parece sacado del "vientre de ´París" o de "Tiempo de silencio"; ya sé que pasaron unos cuantos lustros entre las 2 obras, pero las dos tienen ese tono tan naturlista y desesperado.

Cambiando de tercio, el ralph es un pesao, sobre todo en el paciente inglés; se salva en el jardinero fiel -mira hasta viene bien para este relato, por lo de los árboles.

donde este viggo-alatriste-aragorn que se quiten esos ingleses lechosos.

al jardinero,un geranio le dijo...

Jardinero, ¿qué quieres decir con que parece sacado del vientre de París?¿Que el texto es un excremento francés? (aprecie el jardinero el ingenioso juego de palabras, jeee, jeeee)

En "El jardinero fiel", Ralpho estaba rompedor. Pobre Viggo, yo no le quito mérito; el chico hace lo que puede, pero con eso de ser de Aragórn, pues tiene menos glamur.

c´est pour cadeau dijo...

¡Anda ya! ¿Más glamour? ¡Que va a tener más glamour el sosaina ese! Donde esté Viggo-Aragorn...

a c'est pour cadeau, le cadeau le dijo...

Venga, lo confieso: la única vez que me ha gustado el Viggo fue en sus comienzos, en "Unico testigo", cuando le pasan un helado por esa carota que tiene, ja, ja, ja!!!

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