A VER SI ES QUE ERA BISUTERÍA BARATA Y PRODUCÍA ALERGIA...HOY: "LA PULSERA"

Un día más, Patricia miró con cariño la pulsera que acariciaba su muñeca y sintió un pícaro cosquilleo de complicidad…
Su abuelo se la había regalado a su abuela en 1947, y ella, embelesada por su belleza y por el simbolismo que encerraba, la llevó cada día de su existencia. En vida de su marido, la pulsera encarnaba a todos los apasionados “te quieros” que no cesaban de repetirse el uno al otro. Cuando enviudó, la joya fue el recuerdo perenne del único hombre al que había amado con total entrega.
Un mes antes de morir, la anciana pidió a su nieta Patricia que la visitara. Quería que la pulsera fuera suya, y así lo haría constar en el testamento. Patricia se emocionó, sabiendo que esa pulsera era mucho más que una simple joya para su abuela. Se fundieron en un emotivo y cariñoso abrazo… sin saber ninguna de las dos que sería el último.
La anciana murió repentinamente en su casa. El destino fue implacable y no le permitió legar sus pertenencias tal como ella había decidido. Durante el entierro, el asombro de Patricia se unió a su conmoción cuando su prima, la egoísta y vanidosa Rosa, mostró con falso desconsuelo la pulsera de la abuela en su muñeca izquierda. Patricia calló, pero reconoció una mirada traidora y esquiva en los ojos de su prima al decir entre lágrimas falsas que así lo había querido la finada.
Con el primer aniversario de la muerte de la anciana, Patricia recibió una nerviosa llamada de Rosa; deseaba verla urgentemente. Patricia estaba perpleja: no habían tenido relación alguna desde el entierro de la abuela, y no le apetecía lo más mínimo volver a verla. Aun así, su prima insistió, alterada.
Se encontraron en una cafetería. Rosa estaba pálida y muy delgada. Patricia se vio obligada a preguntar por su salud. Sin responderle, abrió su bolso precipitadamente, sacó un estuche cuadrado, oscuro y brillante, y lo tiró sobre la mesa. “Llévatela; yo no la quiero, no la quiero”.
Fueron sus únicas palabras. Dicho esto, se levantó a toda prisa y salió a la calle sin mirar atrás. Todavía aturdida, Patricia recogió el estuche y lo abrió: la pulsera de su abuela parecía saludarla con sus alegres centelleos. La dicha por recuperar un recuerdo de su abuela quedó enturbiada por una imagen rápida, casi imperceptible, pero que a Patricia la había trastornado: al marcharse su prima, había visto una gran cicatriz oscura y nudosa, como una profunda quemadura, rodeando su muñeca izquierda.

23 comentarios:

Daniel Os dijo...

Me recuerda a una historia real sucedida en mi familia.

Cuando niña mi madre recibió de mi abuelo un medallón que a él le habían otorgado durante la guerra como reconocimiento a su heroísmo. Mi mamá no lo usó nunca para mantenerlo protegido, pero ya de adulta se lo pudo una tarde para ir a visitar a mis abuelos. El viejo le miró el colgante y le preguntó porqué lo había guardado, mi mamá le contestó que por el alto valor afectivo, que jamás siquiera lo había palpado demasiado y, para no corroerlo con la humedad de las manos, ni siquiera lo había observado detenidamente… mi abuelo le dijo que pasados tantos años podía conservarlo, pero no era más que un latón promocional de una joyería, que un día se lo dieron en la calle y le regaló uno a cada hijita inventándole cuentos de guerras a las que no concurrió.

El medallón aún existe en la familia… ya se convirtió en joya.
D.

Juyou dijo...

hay veces que le damos tanta vida a las cosas que tenemos cariño que acaban por tenerla de verdad.
me encanto
:)

a daniel os, mercedes le dijo...

Se convirtió en joya familiar... al igual que la historia inventada por tu abuelo, que pasará de generación en generación...

a juyou, mercedes le dijo...

Dímelo a mí, que no hago otra cosa que conservar tonterías por el valor sentimental que les doy, y ya parece como si fueran de la familia!

Un saludo!!!!

Minoe dijo...

La pulsera sabía cuál era su sitio, y desde luego no era con Rosa... o bien simplemente la pulsera producía alergia y a Rosa el sentido de culpabilidad le hizo pensar que no era alergia sino otra cosa... el caso es que la pulsera al final ha ido a parar donde debía. Y bien está lo que bien acaba ;-)

Liliana dijo...

mmmmmmm...pudiera ser que la pulsera tenía vida propia, por lo tanto sabía que no debería estar con Rosa, hizo lo que pudo para que le llevaran con Patricia......no?

jejejejeje

muy bueno tu cuento como siempre!

besitos =))

Falete dijo...

vaya tela con la pulserita gafe!! peor que el anillo de frodo, oiga!
besotes con sabor a turrón (vuelve, a casa vuelve... por carnaval)

El sereno de los faros dijo...

Los símbolos dejan marcas en la piel.

a minoe, merce le dijo...

...Y por ahora, parece que no le ha dado ningún problema a su nueva dueña! :-)

a liliana, merce le dijo...

Eso de la vida propia de la pulsera me gusta, me gusta....Y por eso, también me gusta pensar que a lo mejor mordió a Rosa, jajajaj!

Muchos besitos!!!!!

a falete, merceditas le dijo...

Bueno, Falete, bienvenido de nuevo al mundo de los vivos!!!! Aunque no te creas, que ando enfadada, porque he entrado en tu blog, y sigo sin poder dejar ningún comentario...Pero claro, me he dado cuenta después de haber escrito una parrafada, puaff! ¿Para cuándo volverá a ser tu blog el de antes?
Besos de bienvenida, con o sin turrón, con o sin disfraz! Mua!

al serenodelosfaros, merce le dijo...

...Que se lo digan a las reses!

Ro dijo...

Me gustó la historia, aunque bien puede continuar...
Abrazos
Ro

Lely Vehuel dijo...

Tu sitio es muy agradable de leer,tus letras y las imagenes muy buenas,me encanta venir por aqui,seguire pasando,mucha luz y hasta pronto.

Falete dijo...

No lo sabia... sorry :( repitemelo, porfi porfi porfi, q ahora activo los comentarios

a ro, mercedes le dijo...

En realidad, todas las historias pueden continuar, ¿verdad? A veces, el autor es un sádico que las mata antes de tiempo...

Un abrazo!

a lely vehuel, mercedes le dijo...

Encantada con tus palabras! Yo podría decir lo mismo de tu blog... Ya sabes que siempre que puedo, me escapo hacia allí para dejarme sorprender...

Un gran saludo!

a falete, merceditas le dijo...

¡Hecho! Bueno, creo que sí, porque como tienes activada la moderación de comentarios, no los he visto aparecer, pero confío en que ahí están...

Besos!

Malvada Bruja del Norte dijo...

Me encantan las historias con fantasmas...y que éstas acaben bien, ¡ele! por apropiación indebida :-)))

a malvadabrujadelnorte, mercedes le dijo...

La justicia fantasmal existe, jee, jee...

Rayuela dijo...

A mí me recuerda lo mismo que a Daniel Os...jaja!


Muy buena;Merce, la abuela no se fue del todo...


Besosinalergia!!!!!!!!!!!*****

a rayuela, merce le dijo...

...Y dejó sendos recuerdos inolvidables a las nietas!

Besos de varios quilates!

cristal00k dijo...

Magnífica esta historia Mercedes!
Besos.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...