HE AQUÍ UN SERVICIO DE HABITACIONES MUY ESPECIAL...HOY: "DOROTEA"


Lo primero que llamó la atención de Dorotea al entrar en la habitación 101 fue una hoja de papel sobre la cama. La agarró, le echó un distraído vistazo y dio un respingo: era el principio de un relato manuscrito, encabezado con un sorprendente “Léalo, por favor. Deme su opinión y dígame si debo continuarlo”. 
Aunque aún tenía muchas habitaciones por limpiar, a Dorotea le resultó imposible desobedecer. Se sentó en la butaca, leyó con detenimiento y al finalizar tomó su bolígrafo y apuntó sobre la misma hoja: “Estilo un poco recargado. ¿Por qué no incluye más diálogos? En cambio, la historia engancha. Adelante”.
Al día siguiente, encontró en la misma habitación dos hojas sobre la cama: “Gracias por sus sabios consejos”, leyó Dorotea, complacida, “a ver qué le parece ahora”. La mujer se sentó de nuevo y tras estudiarlo más a fondo, escribió: “Mucho más ágil. La frase del comienzo, memorable. Los personajes quedan bien retratados por sus acciones. Ánimo. No me defraude con el final”.
El tercer día, la camarera entró como un huracán en la habitación 101 y se apoderó violentamente de las cuatro hojas que descansaban sobre la cama: “Espero que esté a la altura”, decía una nota en la parte superior, “he hecho lo que he podido. Un cordial saludo, con todo mi agradecimiento”.
La camarera devoró el relato, presa del entusiasmo. Cuando acabó, permaneció pensativa unos minutos con un peculiar brillo en los ojos. Luego dobló cuidadosamente las hojas, las metió en un bolsillo, y salió de la habitación, no sin antes haber realizado todos sus quehaceres.

YA VÉIS, TANTO MÓVIL, TANTO MÓVIL, ¿PARA QUÉ?...HOY: “SU GOZO EN UN POZO”

Hace tiempo que en casa de Jenaro Porras los Reyes Magos no son los Reyes Magos, ni siquiera los padres, sino él. 
Por esta razón, aquel 6 de enero se levantó a toda prisa con la ilusión de un pequeñuelo para desenvolver el presente que él mismo se había colocado la noche anterior al lado de sus lustrosos zapatos.
“¿Qué será, qué será?”, se preguntaba lleno de impaciencia, fingiendo haber olvidado la tremenda cola realizada dos días antes en un conocido establecimiento líder en distribución de productos tecnológicos y culturales.
Finalmente, tras mucho papel y más emoción, consiguió descubrir el codiciado regalo: un teléfono móvil que hacía fotos, filmaba vídeos, se conectaba a Internet, se convertía en televisión y en GPS, y poco le faltaba para asar pollos, lavar la ropa y quién sabe si algo más.
“¡Justo lo que quería!”, se repetía, con los ojos hechos chispas, presa de un loco delirio.
Y Jenaro Porras hizo fotos, y filmó vídeos, y se conectó a internet, y vio la tele, y se dejó guiar por la ciudad, y casi asó un pollo y lavó la ropa con su nuevo juguete…
Hasta que de repente se dio cuenta de que lo único que no había podido hacer era telefonear… porque no tenía con quién hablar. 

NO SÉ SI SE ME NOTARÁ, PERO ES QUE NI ME GUSTA EL VIENTO, NI ME GUSTA LA NOCHE ...HOY: "CON EL VIENTO EN CONTRA"




La noche en la que el chulito de Giacomo Cazzetti recibió una soberana paliza soplaba en la ciudad un furioso viento un poco metálico y centelleante, como de filo de cuchillo, que no presagiaba nada bueno.
El oportuno ulular de las cortantes rachas amortiguó los secos golpes propinados con saña a un cuerpo que sólo una hora antes causaba furor en una rancia sala de baile con sus fanfarrones meneos.
Medio desmontado en un callejón y horrorizado al entrever con el ojo menos hinchado la sonrisa más seductora del hampa desperdigada por la acera, Giacomo Cazzetti deseaba que una fuerte ráfaga barriera los últimos minutos de su existencia. Pero estaba visto que aquella noche tenía, una vez más, el viento en contra.
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