YA VÉIS, TANTO MÓVIL, TANTO MÓVIL, ¿PARA QUÉ?...HOY: “SU GOZO EN UN POZO”

Hace tiempo que en casa de Jenaro Porras los Reyes Magos no son los Reyes Magos, ni siquiera los padres, sino él. 
Por esta razón, aquel 6 de enero se levantó a toda prisa con la ilusión de un pequeñuelo para desenvolver el presente que él mismo se había colocado la noche anterior al lado de sus lustrosos zapatos.
“¿Qué será, qué será?”, se preguntaba lleno de impaciencia, fingiendo haber olvidado la tremenda cola realizada dos días antes en un conocido establecimiento líder en distribución de productos tecnológicos y culturales.
Finalmente, tras mucho papel y más emoción, consiguió descubrir el codiciado regalo: un teléfono móvil que hacía fotos, filmaba vídeos, se conectaba a Internet, se convertía en televisión y en GPS, y poco le faltaba para asar pollos, lavar la ropa y quién sabe si algo más.
“¡Justo lo que quería!”, se repetía, con los ojos hechos chispas, presa de un loco delirio.
Y Jenaro Porras hizo fotos, y filmó vídeos, y se conectó a internet, y vio la tele, y se dejó guiar por la ciudad, y casi asó un pollo y lavó la ropa con su nuevo juguete…
Hasta que de repente se dio cuenta de que lo único que no había podido hacer era telefonear… porque no tenía con quién hablar. 

NO SÉ SI SE ME NOTARÁ, PERO ES QUE NI ME GUSTA EL VIENTO, NI ME GUSTA LA NOCHE ...HOY: "CON EL VIENTO EN CONTRA"




La noche en la que el chulito de Giacomo Cazzetti recibió una soberana paliza soplaba en la ciudad un furioso viento un poco metálico y centelleante, como de filo de cuchillo, que no presagiaba nada bueno.
El oportuno ulular de las cortantes rachas amortiguó los secos golpes propinados con saña a un cuerpo que sólo una hora antes causaba furor en una rancia sala de baile con sus fanfarrones meneos.
Medio desmontado en un callejón y horrorizado al entrever con el ojo menos hinchado la sonrisa más seductora del hampa desperdigada por la acera, Giacomo Cazzetti deseaba que una fuerte ráfaga barriera los últimos minutos de su existencia. Pero estaba visto que aquella noche tenía, una vez más, el viento en contra.

A VER, A VER...¿PERO ES QUE NO SABEMOS ENVEJECER?...HOY: "CADA MAÑANA"


Es un ritual cotidiano, un deber ineludible, una costumbre elevada a religión, un arte sagrado desde que la perfección intacta de la primera nieve desapareció de su aterciopelada piel.
Cada mañana, como el albañil encaramado en su andamio para restaurar una fachada, se sienta frente al tocador y sonríe al espejo con expresión pretendidamente juvenil y coqueta, implorando del severo reflejo su necesaria aprobación.
En vista de su hostilidad, saca fuerzas de flaqueza para iniciar la concienzuda labor de reconstrucción de un rostro que en su día fue objeto de deseo, admiración y envidia.
Con arte minucioso tapa, disimula y corrige, sin que el trémulo pulso dude ni un instante en su sabio proceder.
Una vez finalizada la obra, quizás algo recargada pero lograda al fin y al cabo, apenas quedan restos de la zozobra matutina. Entonces, con el ánimo tan retocado como su imagen, el anciano don Gumersindo Peláez y Morales de la Encina se mira satisfecho, vuelve a sentir el indispensable entusiasmo vital para empezar un nuevo día, y piensa que, una vez más... se va a comer el mundo.
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