"FECAL"


Últimamente, y tal como la realidad está superando a la ficción, escribir un cuento...no sale a cuenta.

Todo esto viene a... cuento por esa noticia de la contaminación del agua embotellada que estos días ha provocado múltiples casos de gastroenteritis, y por el tratamiento que se le ha dado no al agua, desde luego, sino al suceso, en la televisión.

Todos los periodistas sin excepción, todos, han arrugado la nariz en un morboso mohín que combinaba el asco con la fascinación, cada vez que pronunciaban la palabra "fecal", palabra por cierto que han repetido hasta la saciedad (ayyy, casi caigo en el chiste fácil de "hasta la suciedad").

La reacción de los periodistas me ha hecho llegar a la conclusión de que el famoso "caca, culo, pedo, pis" sigue plenamente vigente y aún hace muchísima gracia a niños, y lo que es peor, a adultos. 

...De lo cual deduzco que esta sociedad (otra tentación de jueguecito fácil con "suciedad") todavía no ha superado la cacareada "fase anal" postulada en su día por Freud.

Esto me pasa por ver la tele en lugar de estar escribiendo delante del ordenador. Otro día, en lugar de cambiar de cadena... mejor tiro de ella.



EL LARGO SILENCIO DE ESTE BLOG SE HA HECHO NOVELA: "BAJO LAS PIEDRAS"

"1916. El Gran Hotel de Bertia abre por fin sus puertas. La noche de su inauguración, el joven arquitecto Andrés de Otzet conoce a la frívola, excéntrica y tremendamente seductora marquesa Velia Marcel. En sus ojos abismales, Andrés de Otzet entreverá el fin de su mundo, el nacimiento de una nueva era, y su propio destino, ligado para siempre a un amor espléndido, tortuoso, prohibido... pero imparable.
"Bajo las piedras" es el inicio de la saga de los Otzet, una familia perseguida por la mentira. Los volúmenes "Bajo el peso del alud" y "Bajo la piel de una serpiente" completarán la oscura historia familiar".


HE AQUÍ UN SERVICIO DE HABITACIONES MUY ESPECIAL...HOY: "DOROTEA"


Lo primero que llamó la atención de Dorotea al entrar en la habitación 101 fue una hoja de papel sobre la cama. La agarró, le echó un distraído vistazo y dio un respingo: era el principio de un relato manuscrito, encabezado con un sorprendente “Léalo, por favor. Deme su opinión y dígame si debo continuarlo”. 
Aunque aún tenía muchas habitaciones por limpiar, a Dorotea le resultó imposible desobedecer. Se sentó en la butaca, leyó con detenimiento y al finalizar tomó su bolígrafo y apuntó sobre la misma hoja: “Estilo un poco recargado. ¿Por qué no incluye más diálogos? En cambio, la historia engancha. Adelante”.
Al día siguiente, encontró en la misma habitación dos hojas sobre la cama: “Gracias por sus sabios consejos”, leyó Dorotea, complacida, “a ver qué le parece ahora”. La mujer se sentó de nuevo y tras estudiarlo más a fondo, escribió: “Mucho más ágil. La frase del comienzo, memorable. Los personajes quedan bien retratados por sus acciones. Ánimo. No me defraude con el final”.
El tercer día, la camarera entró como un huracán en la habitación 101 y se apoderó violentamente de las cuatro hojas que descansaban sobre la cama: “Espero que esté a la altura”, decía una nota en la parte superior, “he hecho lo que he podido. Un cordial saludo, con todo mi agradecimiento”.
La camarera devoró el relato, presa del entusiasmo. Cuando acabó, permaneció pensativa unos minutos con un peculiar brillo en los ojos. Luego dobló cuidadosamente las hojas, las metió en un bolsillo, y salió de la habitación, no sin antes haber realizado todos sus quehaceres.
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