CUANDO YA NO SE SABE SI LA REALIDAD ES UNA PESADILLA...O AL REVÉS...HOY: "ESCAPATORIA"



Abre una puerta. 
La negrura interior es tan intensa que la deslumbra. Antes de que se cierre la puerta de golpe y no haya marcha atrás, le da tiempo a intuir una estrecha escalera, que baja.
Ella, a tientas, también.
De repente, una mano le tapa la boca con fuerza. No puede chillar, le cuesta respirar. 
Ya lo entiende: está siendo prisionera de una pesadilla.
Cuenta entonces los segundos a la espera del chillido liberador que le hará abrir los ojos en su plácida cama.
Pero no lo logra: otra mano le acaba de agarrar desde atrás y le oprime las costillas. 
Con la cruda certeza de que no está soñando, sólo le queda una escapatoria: 
Dormirse.

CUÁNTOS TRUCOS ENCIERRA LA CABEZA PARA EL AUTOENGAÑO...HOY: "COBARDÍA"




El viejo jersey con el que recibió el primer beso...
La libreta en la que había escrito sus sueños...
Los pantalones que estrenó el día en que cumplió 20 años, sí, cuando la fiesta sorpresa...
Una caja llena de postales viajeras...
¿Y la blusa? Un bellísimo recuerdo de su idílico viaje a Venecia...
Todo fuera. Todo a la basura.
Su relación emocional con el entorno le había hecho conservar todo tipo de objetos, porque cada uno le contaba una historia determinada sobre su propia existencia.
Entonces...¿para qué deshacerse de ellos?
No era por un problema de espacio, sino de valor: se desprendía del pasado porque todavía no había reunido las fuerzas suficientes para tirar su presente.


QUE TE ENGAÑEN DUELE, PERO MÁS DEMOLEDOR ES ENGAÑARSE A SÍ MISMO...HOY: "KATIA"



Katia sabía que no debía encariñarse con ninguno de los niños del orfanato. Se lo dejaron bien claro cuando la contrataron.

No le había resultado fácil. Un gesto, una mirada de alguna de esas criaturas rechazadas bastaba para quererla. Por suerte, la profesionalidad de Katia había logrado dominar sus sentimientos.

Hasta que llegó el pequeño Iván.

Frágil y vulnerable, despertó en la mujer algo mucho más peligroso que ese amor prohibido por las normas: la rebelión contra ellas. 
 
Y en su de repente falsa realidad, Katia soñaba con una vida juntos en una casita rodeada de flores, y se engañaba recibiendo a sus amaneceres con las risas del niño entre sus brazos.  

Cuando un día apareció la directora de la institución acompañada de una pareja que se acabó llevando a Iván, Katia vio demasiado tarde la trampa que ella misma se había tendido.

Con su sueño desvanecido entre brumas, recordó que ya la habían avisado de no encariñarse con ningún niño cuando empezó a trabajar en el orfanato.
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