...Y como estamos en época de rebajas, además de la entrevista al gurú empresarial John Hall os dejo un relato protagonizado por un ejecutivo agresivo muy peculiar...Hoy: "Su ojito derecho"
Morgan Macquarrie se
ganó el sobrenombre de “el corsario de Wall Street” el primer día de trabajo en
la multinacional “Hopkins & Hopkins”. Y no fue por su mirada de sable, ni
por arrastrar como una pata de palo su mala fama a lo largo y ancho del
proceloso mar de los negocios, ni siquiera por el aspecto de loro de su
secretaria. Fue otra peculiaridad la que hizo al alto ejecutivo merecedor de
tal apelativo: el sorprendente parche que lucía con orgullo en el ojo
izquierdo.
Los colegas de “Hopkins & Hopkins” se morían de curiosidad por conocer la historia que anidaba tras aquella oscura incógnita: ¿Una turbulenta infancia en el Bronx? ¿Las afiladas uñas de una amante despechada? ¿La represalia de un rival? ¿Un estúpido accidente? Como todos especulaban, nadie preguntaba y Macquarrie callaba, el misterio reinaba a su alrededor.
Así es como nacen las leyendas.
Su vida profesional en “Hopkins & Hopkins” navegaba viento en popa hasta que un torpe descuido le hizo zozobrar…
Una mañana, Macquarrie acudió a su despacho más tarde de lo habitual; una cena de negocios con el posterior descenso a los infiernos más refinados de la ciudad había sido la culpable. No obstante, no quedaba huella alguna de los excesos cometidos: su aspecto era impecable, como siempre. Sólo su secretaria, loro sagaz, se percató de un detalle fuera de lo normal y así se lo hizo saber nada más verle aparecer.
-Sr. Macquarrie, hoy lleva puesto el parche… en el ojo derecho.
Los colegas de “Hopkins & Hopkins” se morían de curiosidad por conocer la historia que anidaba tras aquella oscura incógnita: ¿Una turbulenta infancia en el Bronx? ¿Las afiladas uñas de una amante despechada? ¿La represalia de un rival? ¿Un estúpido accidente? Como todos especulaban, nadie preguntaba y Macquarrie callaba, el misterio reinaba a su alrededor.
Así es como nacen las leyendas.
Su vida profesional en “Hopkins & Hopkins” navegaba viento en popa hasta que un torpe descuido le hizo zozobrar…
Una mañana, Macquarrie acudió a su despacho más tarde de lo habitual; una cena de negocios con el posterior descenso a los infiernos más refinados de la ciudad había sido la culpable. No obstante, no quedaba huella alguna de los excesos cometidos: su aspecto era impecable, como siempre. Sólo su secretaria, loro sagaz, se percató de un detalle fuera de lo normal y así se lo hizo saber nada más verle aparecer.
-Sr. Macquarrie, hoy lleva puesto el parche… en el ojo derecho.

