Habéis entrado alguna vez en una tienda de chucherías, ¿verdad? Pues este blog es lo mismo... ¡pero con historias! Encontraréis de todas las formas y colores.... ¡Pero cuidado! No todas son dulces...
¡ESTE FIN DE SEMANA SUSTITUYO LA FOTO POR TRES MINI-VÍDEOS!
Estas son las "fallas" de Vilaller, y creo que no tengo que decir que... ¡son las mejores!
¡Espero que os guste!
¡Feliz fin de semana!
“LOS CABALLOS QUE SUSURRABAN AL HOMBRE” (LEYENDA RURAL)
Cuenta la leyenda que un espléndido día de primavera apareció por un pueblo perdido en una perdida montaña un desconocido, atraído por el eco de un relincho que viajó hasta él a través del espacio y del tiempo…
La cosa se pone espiritual.
Tras mucho caminar, llegó a un prado en el que unos hermosos caballos compartían pasto pacíficamente. Uno de ellos, un magnífico ejemplar negro azabache con una mancha blanca en la frente, se le acercó lentamente. El desconocido le acarició el lomo, y le susurró:
-Me habías llamado, ¿verdad?
El caballo lo miró con ojos felices y agradecidos, y le respondió:
-Jo, tío, qué oído tienes. Acojonante. Ya me lo habían dicho, pero no me lo creía.
Fin de la espiritualidad.
El desconocido lo miró con sorpresa, pero se rehizo con presteza.
-Amo a los caballos, les escucho y les comprendo –dijo, con su melifluo tono de voz-. Es natural que haya acudido a tu llamada. Dime cuál es mi misión entre vosotros.
El caballo no se anduvo con rodeos:
-Mira, tío, aquí un grupito de colegas hemos pensado que serías el tipo perfecto para montar algo guay, no sé, un complejo lúdico, de entretenimiento… Vivir en este pueblucho de mierda es un muermo…
El desconocido se armó de santa paciencia.
-Estoy aquí para escuchar tu propuesta… Habla, te lo ruego.
-Pues mira, ya que lo preguntas –contestó el caballo, resuelto-, queremos un parque temático que se llame “Equin-Ocio”, con zona spa, restaurante, gimnasio, cines, y alguna tienda… ¿Cómo lo ves?
El desconocido por fin logró dar sentido a la conocida expresión “tener más cara que un caballo”. De repente, colocó la mano detrás de su oreja, y levantó su mirada hacia el cielo.
-…Creo que oigo un mugido a través del espacio y del tiempo… Una vaca me necesita…debo marcharme…
El caballo lo vio alejarse con una mueca de escepticismo en su morro:
“Eso, lárgate… Y te crees que con tu huída te has librado… Pues que no te pase nada; ya verás lo que te piden las vacas…