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FELIZ 2014, ESPECIALMENTE A TODAS LAS MENTES CREATIVAS QUE A VECES SUFREN POR FALTA DE INSPIRACIÓN...HOY: "AÑO NUEVO"



Yace con sensual delicadeza sobre una mesa. 
Espera...No tiene prisa.
Sin embargo, nos angustia.
Es la página en blanco.
Necesitamos entonces huir de ella y refugiarnos en otros colores hasta que de repente, nos damos cuenta de que sólo basta un buen deseo... para escribir.
FELIZ AÑO NUEVO.

PARA QUE LUEGO NOS QUEJEMOS DE QUE YA ESTÁ TODO VISTO… HOY: “SORPRESA URBANA”

Lo que menos espera encontrar un paseante en su despreocupado deambular por las calles de una gran ciudad es una iglesia abandonada.
Sí, sí, una iglesia abandonada.
Se trata de un insólito edificio en el centro de un discreto jardín, como una planta nacida de forma espontánea que se hubiera marchitado súbitamente al confirmar el sinsentido de su existencia. Puerta y ventanas están tapiadas, y unas tablas clavadas con poca habilidad cubren el agujero dejado por un rosetón ausente. La única campana visible, muy deteriorada, permanece casi en posición horizontal, como detenida en el espacio y en el tiempo por una fuerza quién sabe si superior o inferior. Como no podía ser de otra manera, su solemne tañido ha sido reemplazado por el lúgubre eco de las palomas instaladas dentro de la nave.
Es sin duda una imagen que deja sin aliento.
Mientras la contempla fascinado y se empapaba de ella desde todos los ángulos posibles, el paseante intenta entender la razón de su lamentable estado en una ciudad orgullosa de restaurar y conservar todo su patrimonio, y se pregunta al mismo tiempo y con cierta inquietud si las tablas que tapan el antiguo rosetón han sido colocadas para prohibir la entrada a los intrusos… o para evitar que algo o alguien salga del interior.

CONVERSACIÓN INFORMAL PERO PROFUNDA CON MARCEL PROUST, EL HOMBRE DEL... TIEMPO

-Mira, Marcel, lanzarse a buscar el tiempo perdido es peligroso.
Bueno, no es que sea peligroso.
Es que es imposible.
Y que sepas que no me ha gustado nada llegar a esta conclusión.
¿Cómo expresar la sensación de volver a poner los pies en una ciudad, tras dieciocho años de ausencia, y no reconocerla? Dime, Marcel, ¿por qué me encuentro perdida y desorientada por unas calles que antes recorría con los ojos cerrados?
En mi cabeza se entremezclan otras calles de otras ciudades que he ido visitando a lo largo de todo este tiempo…
La confusión es total.
La impresión de no pertenecer a este lugar es constante. Y la reacción de la ciudad no ha sido muy diferente de la mía: tampoco me ha reconocido.
Cojo el flamante tranvía (en el pasado sólo un proyecto) para visitar la universidad, mi universidad; apenas reconozco un trayecto que había hecho a pie infinidad de veces... Bajo con una multitud de estudiantes que por edad podrían ser mis hijos, y les sigo, porque he olvidado el camino.
Pero la universidad tampoco me pertenece.

Todo está cambiado, Marcel.
¿Ha sido un error volver?
¡Marcel, ayúdame, hombre!
-Ma chère Megsédès, la lecsión es contundenté: los recuegdos no se encuentjan en un lugar determinadó, sinó en nuestjó interior. No vale la pená desplasarsé. Ni ella es la misma siudad, ni tú ejes la misma pejsoná. Un viaje físicó no tiene nada que ver con un viaje por el tiempó.
-Marcel…
-Dis-moi, ma chère…
-…Sácate la magdalena de la boca para hablar…
- …Ostras, tenías razón. Qué descanso. Si hasta parece que respiro mejor... Merci!

DICEN LOS PSICÓLOGOS QUE ES CONVENIENTE HABLAR DE LOS TRAUMAS… PUES VAMOS ALLÁ…HOY: “SOUFFLÉ D’IMBÉCILE À LA CRÈME DE STUPIDE”

Después de mi última experiencia gastronómica en un restaurante de postín, he comprendido que se puede disfrutar con el dolor…
Nada más entrar, una señora de modales exquisitos y algo castrenses nos recibe y nos acompaña a la mesa reservada. Una vez acomodada, observo a mi alrededor: decoración exquisitamente clásica con algunos toques “rupturistas” (una de esas palabras de moda… ¡Ayyyy, estos neologismos!), salón espacioso y luminoso y, como diría mi suegra, manteles de los buenos...
La misma señora de modales exquisitos y algo castrenses nos trae la carta y se permite desaconsejarnos los chipirones porque, según ella, “no han adquirido todavía un tamaño elegante”.
Enmudezco, impresionada ante tal apreciación.
Opto pues por un “triunvirato de gambas en salsa de estragón y aroma de amapola”, con la esperanza de que los crustáceos superen en talla y distinción a los ordinarios chipirones.
A continuación, entra en escena una camarera con una cestita de panecillos gordezuelos, todos igualitos, y me pregunta cuál quiero. “Qué más da”, pienso yo, “si son idénticos”. Como intuyo que no se quedará contenta hasta no señalarle uno en concreto, elijo uno de los del centro; que al menos le cueste sacarlo.
Al rato, regresa la misma camarera; esta vez, en sus manos, una enorme bandeja con dos enormes platos de contenido más bien discreto.
¿Será esa nuestra comida?
Obviaré la respuesta.
Se detiene frente a nosotros y, cual lazarillo gastronómico que guía a dos ciegos de paladar, nos hace una descripción del plato. Me dan ganas de aclararle que ya sabemos lo que hemos pedido, pero la dejo finalizar el ritual. Más vale acabar con esta farsa cuanto antes.
La verdad es que tiene muy buena pinta, y confieso que está… delicioso. Con el segundo plato (“chuletitas de cabrito con arroz meloso y crema crujiente de castañas marinadas”) disfruto tanto o más. Y con el postre, levito a la primera cucharada... Claro, no me extraña: llamándose “angelotes tatin con helado de nube caramelizada”, así cualquiera.
Vale, vale, lo reconozco, todo está exquisito; un verdadero placer para todos mis sentidos... exceptuando el común y el del humor.
(Ahora viene el momento de hablar de la cuenta, pero me lo saltaré hábilmente; es una herida aún abierta, y hasta diría que infectada).
Cuando por fin salimos de aquel paraíso infernal, comprobamos con horror que nos hemos quedado con hambre.
A lo lejos, en el horizonte, como una señal providencial, como una estrella fiel, como un pequeño milagro, se recorta la M grandiosa, amarilla y luminosa de una conocida hamburguesería…

EMPECEMOS LA NUEVA TEMPORADA CON ... "REFLEXOLOGÍA PODAL"

Hace ya unos cuantos años, compartí un día de piscina junto a mi familia política. Salir en bikini delante de ellos por primera vez era para mí desnudar un poco la propia alma, por lo que me sentía algo cohibida. Estaba yo concentrada en encogerme de la manera más natural posible sobre mi toalla cuando, de repente, mi suegra se dirigió a mí:
-Te estaba mirando, nena –dijo, llena de júbilo-, y he pensado…
Al captar su tono entusiasta, enseguida imaginé que iba a alabar mi cuerpo serrano. Levanté las orejas, como hacen los perros al oír su nombre.
-… Y he pensado –insistió la buena mujer-: “¡Pero qué pies tan bonitos tiene esta nena!”
Bueno, lo primero que me vino a la cabeza es que, por norma general, los pies no son bonitos. Ni siquiera los pies bonitos son bonitos. A ver, ¿qué dicen absolutamente todas las modelos cuando se les pregunta por la parte del cuerpo de la que se sienten menos orgullosas? Siempre nombran los pies. No falla. También es posible que, para convertirse en modelo, sea condición indispensable tener unos pies horribles, vaya usted a saber. Que piensen con ellos, tal como se empeñan en defender ciertos desaprensivos, o que lo hagan con la cabeza o con las posaderas, es ya otra historia relacionada con los tópicos, que no viene al caso.
A lo que iba: unas manos, una boca, unas piernas, unos ojos pueden ser bonitos; hasta unas orejas, me atrevería a decir. ¿Dónde se cuelgan los pendientes, en el dedo gordo del pie? ¿A que no? Ahora me diréis que muchas mujeres se pintan las uñas de los pies, vamos, de los dedos de los pies, pero desengañémonos: no es por una cuestión ornamental, sino para tapar las uñas, bellas en unas manos, pero inmensamente grotescas y toscas sobre los chatos dedos de los pies. A los pies no se les aprecia por sus hipotéticas cualidades estéticas; se deben cuidar por ser a la vez cimiento de nuestro cuerpo, y nuestros chóferes particulares.
Pero nada más.
Mi segunda reflexión, consecuencia de la primera, fue terrible: si mi suegra me había estado observando escrupulosamente con ojos críticos, y la única conclusión era que tenía unos pies bonitos… del resto no había nada bueno que comentar. Dicho de otra manera, si mi suegra se hubiera visto obligada a salvar una parte de mi cuerpo en una situación extrema, sólo habría elegido los pies, sin duda alguna. Y lo demás, al vertedero más cercano. Sin duda alguna, también.
El resultado me deprimió. Bajé las orejas, y me encogí aún más sobre mi toalla, hasta formar un ovillo del que sólo sobresalían… unos bonitos pies.

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